Descubre por que deberías dejar de utilizar hielo en todas las lesiones agudas.

El hielo es un tema extremadamente caliente (o más bien, frío) en la medicina deportiva y la rehabilitación de lesiones agudas, y por una buena razón. La forma en que tratamos las lesiones cambia continuamente según las investigaciones más recientes. Debido a esto, no es de extrañar que haya confusión sobre si el hielo es bueno o malo para las lesiones.
Cuando alguien se hace un esguince de tobillo, la mayoría de nosotros instintivamente coge una bolsa de hielo para ponerla alrededor de la articulación. Cuando vemos a los atletas profesionales lesionarse, se envuelven en hielo antes de salir del campo. El hielo parece ser una parte arraigada en el proceso de tratamiento de las lesiones, pero ¿este tipo de prácticas está sustentada en la última investigación?

La primera documentación del hielo como parte del protocolo de tratamiento de lesiones se remonta a 1978 cuando el término RICE (Rest, Ice, Compression, Elevation. Descanso, hielo, compresión y elevación) fue acuñado por el Dr. Gabe Mirkin (1). Su intención detrás del uso del hielo era minimizar la respuesta inflamatoria en un intento de acelerar la curación. Este protocolo inicial se arraigó profundamente en nuestra cultura y durante 20 años estuvimos “RICE-ando” lesiones antes de que se incluyera la P para protección dando lugar al acronimo (PRICE). 14 años después, POLICE (Protection, Optimal Loading, Ice, Compression, Elevation. Protección, carga óptima, hielo, compresión y elevación) apareció y reemplazó a PRICE.

¿La razón de los cambios?
La investigación ha identificado desde entonces que la “carga óptima”, correspondiente a las siglas OL, ayuda a la recuperación a través de la regeneración de la estructura lesionada gracias a la carga mecánica ligera en las primeras etapas. Por consiguiente se estimó que, el reposo o R, o la falta de movimiento es perjudicial para la recuperación.

¿Pero qué hay del hielo?
Ciertamente hay un consenso en toda la literatura de que el hielo actúa como un gran analgésico atenuando el dolor al enfriar la temperatura de la piel. Sin embargo, el impacto en los músculos subyacentes es inexistente, ya que la temperatura de los músculos permanece inalterada por la aplicación tópica de hielo. De lo que estamos mucho menos seguros ahora que en 1978, es de sus propiedades curativas. Anecdóticamente y probablemente debido al efecto analgésico la mayoría de las personas dicen que el hielo hace a las personas sentirse mejor después de una lesión, al menos a corto plazo.

Pero, ¿qué impacto tiene el poner hielo en una lesión a medio o largo plazo?
En 2014, el Dr. Mirkin reconoció el error que había cometido. Declaró que el protocolo “RICE” que se había estado usando durante décadas era incorrecto al proponer reposo completo y hielo ya que podían retrasar la curación, en lugar de ayudarla”.
El hielo fue finalmente revocado en 2019 del proceso de tratamiento de lesiones con el último y más completo acrónimo: PEACE & LOVE (Protección, elevación, evitar medicamentos antiinflamatorios, compresión, educación y carga, optimismo, vascularización y ejercicio) (4).
Con toda esta evidencia recién descubierta sobre los aspectos negativos de la aplicación de hielo sobre las lesiones agudas, surge la pregunta:
Si el hielo retrasa la curación, aunque pueda reducir temporalmente el dolor, ¿deberíamos seguir usándolo?
Probablemente no.
Mientras que una cierta inflamación puede ser necesaria para la recuperación, demasiada o una hinchazón prolongada son malas noticias. El edema excesivo aplica una presión no deseada sobre los tejidos, restringe el movimiento, disminuye la función muscular y puede aumentar el dolor.
Esto se observa a menudo en los esguinces articulares graves, como los esguinces de tobillo en los que la hinchazón es lo suficientemente significativa como para impedir la amplitud de movimiento. Otro ejemplo es la inhibición muscular artrógenica del cuádriceps después de una cirugía del ligamento cruzado anterior.
En estas circunstancias, el hielo puede ser una opción viable, ya que el objetivo no es necesariamente evitar toda la hinchazón, sino limitar su alcance. Un ejemplo en el extremo contrario son los desgarros musculares, estos suelen provocar menos edema y, por lo tanto, es probable que el hielo no sea beneficioso en las primeras etapas para el tratamiento de este tipo de lesiones.

Así que, por ahora, basándonos en la investigación actual, yo mantendría hielo en el congelador la mayor parte del tiempo. Tal y como lo entendemos actualmente, el hielo es menos importante de lo que una vez pensamos. La excepción a esta regla sería cuando las lesiones son graves y en circunstancias en las que la hinchazón probablemente sea el factor limitante para la recuperación. En estos casos, el hielo puede ser beneficioso únicamente en las primeras etapas.